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Oxitocina, la hormona del amor
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Oxitocina, la hormona del amor

¿Qué es lo que pasa en nuestro cuerpo cuando nos enamoramos? La oxitocina es la hormona encargada de hacernos sentir ligados emocionalmente a una persona, y también la responsable de algunos “te quiero” antes de hora.

¿Qué es lo que pasa en nuestro cuerpo cuando nos enamoramos? La oxitocina es la hormona encargada de hacernos sentir ligados emocionalmente a una persona, y también la responsable de algunos “te quiero” antes de hora.

La oxitocina es una hormona que se produce en la glándula pituitaria y se regula por el hipotálamo. La función de esta hormona es reforzar las relaciones sociales y crear sensación de afecto, estabilidad y unión, ya sea con una pareja o en la familia. Curiosamente, se libera tanto durante las relaciones sexuales como durante el parto y es la encargada de hacer que sintamos amor por alguien. Es decir, hace que la madre quiera a su hijo y no lo abandone.

Nuestro cuerpo segrega oxitocina con gestos de cariño como un abrazo, un beso o una caricia, y genera una sensación de apego, confianza y bienestar que relacionamos con la otra persona. Por decirlo de alguna manera, esta hormona nos enamora y nos hace ser monógamos, sintiendo una fuerte unión con nuestra pareja. La cuestión es que se libera sin pretenderlo en todo tipo de relaciones sexuales, también cuando realmente no hay sentimientos de por medio, y es la culpable de que alguna vez un ligue de una noche haya soltado un “te quiero” en pleno acto sexual.

La magia del amor se compone de feromonas y oxitocina

Las feromonas son sustancias que segregamos automáticamente para atraer a miembros del otro sexo, lo que a ojos de la otra persona nos convierte en irresistibles. Junto a las feromonas, la oxitocina entra en juego en el siguiente paso, cuando ya tenemos contacto con la otra persona. En ese momento, esta hormona nos hace perder de vista lo que nos rodea y nos obliga a concentrarnos en los atributos de quien deseamos como pareja. El amor es pura química.

La oxitocina se convierte en una droga para nuestro organismo. Mediante las muestras de cariño y el sexo, esta hormona nos proporciona una sensación de bienestar y afecto hacia otra persona, además de confianza y estabilidad, lo que refuerza la pareja monógama con el objetivo natural de tener hijos y proteger a la nueva familia que se va a formar. Cuando estamos mucho tiempo sin las muestras de afecto a las que nos habíamos acostumbrado y la oxitocina baja su actividad nos sentimos decaídos, abandonados y tristes. Sin embargo, si a la larga nuestro cuerpo se acostumbra a vivir con niveles bajos de oxitocina volvemos a sentirnos en un estado normal.

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