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El erotismo de los zapatos de tacón
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El erotismo de los zapatos de tacón

Los zapatos de tacón son un complemento indiscutiblemente femenino. Ligado desde siempre al erotismo, los tacones estilizan la silueta de la mujer y son fuente de inspiración para fetichistas y modistas por igual. En Pasionis te explicamos qué hace que los tacones sean tan preciados.

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Los zapatos altos han ido siempre relacionados con una posición social alta. Ya en el 3500 A.C, los carniceros egipcios más respetados se los ponían para no mancharse de sangre. En el teatro de la antigua Grecia los actores calzaban tacones y zancos más altos cuanto más importante y cercano a los dioses era el personaje. Más tarde, fue en Roma dónde, a más de un respeto casi divino, se unió a los zapatos de tacón una imagen de provocación y sexualidad, ya que los lucían las prostitutas.

Hoy en día, los zapatos de tacón son un símbolo clásico de feminidad. Puede que no sean el calzado más cómodo, que duelan, que no sean muy prácticos y que cuesta caminar con ellos, pero siguen triunfando.

Llevar tacones aumenta el placer sexual

Los expertos en el tema cuentan que la atracción que profieren los hombres hacia las mujeres con tacones se debe a que, al llevarlos, cambia la postura corporal. Las piernas parecen más largas y mantienen los músculos en tensión, las caderas se arquean ligeramente y, para compensar, la mujer ha de caminar más erguida y con los hombros hacia atrás. Por si fuese poco, médicos como la doctora Maria Cerruto añaden que al mantener los músculos y la cadera en tensión, fortalecemos nuestro suelo pélvico y ayuda a sostener los órganos sexuales, fortaleciéndolos y consiguiendo mayor control de las contracciones vaginales, lo que se traduce en más placer durante el sexo.

Todas las mujeres sabemos que acostumbrarse a usar tacones no es sencillo, pero eso también les añade un punto más a quien sabe lucirlos. Es fácil ver adolescentes que se ponen tacones por primera vez y caminan como cervatillos, a punto de torcerse el tobillo a cada paso. Dominar la elegancia del caminar, con pasos más cortos de lo habitual y con un movimiento más pronunciado de caderas, es cuestión de tiempo y práctica, por lo que mucha veces aprender a andar con tacones se convierte en un rito de madurez femenino.

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