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Relato lésbico: Una excitante Mamá Noel
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Relato lésbico: Una excitante Mamá Noel

En este relato erótico conocemos a dos amigas de la universidad mantienen la tradición de adornar juntas el árbol de Navidad. Hace años se liaron en una noche loca, pero eso no se ha vuelto a repetir… hasta hoy.

Una excitante Mamá Noel

No sabían cómo, pero se pasó otro año y Blanca y Sara, amigas desde la Universidad, apenas se habían visto. No obstante, desde hace un par de años mantenían una curiosa tradición: poner el árbol juntas. Blanca era una friki de la Navidad, por lo que Sara sabía perfectamente que ayudarla a poner su abeto era un plan que la primera no rechazaría nunca.

Llevaban como dos meses sin escribirse por Whatsapp, cuando a Blanca le llegó un mensaje.

– Adivina quién te está esperando…- escribió Sara, adjuntando una imagen de su árbol de Navidad aún en la caja.

Es cierto que hablaban más bien poco, pero una mínima señal de la una hacia la otra era suficiente para buscar un hueco en sus agendas con urgencia.

Quedaron al día siguiente en casa de Sara, con todo listo para pasar una tarde entre adornos, risas y lambrusco. Blanca se presentó con un gorro navideño puesto y otro para su amiga. Ella la recibió con un abrazo muy efusivo y una copa en la mano, ya medio vacía. No era eso lo que más le llamó la atención, sino su vestimenta de Mamá Noel. Llevaba un vestidito un poco holgado pero muy corto de color rojo y con el habitual ribete blanco. Sara pensaba que provocaría un ataque de risa en su amiga, pero no fue el efecto que, precisamente, causó en ella.

Empezaron a poner las primeras bolas y adornos en el árbol. Sara estaba muy juguetona y “contenta”; incluso hasta Blanca juraría que estaba tonteando con ella. Una vez se liaron en la Universidad y, a partir de aquello, se hicieron amigas y nunca volvió a pasar nada entre ellas. Blanca nunca se lo volvió a plantear hasta que empezó a darle morbo verla vestida así.

Sara estaba muy metida en su papel de Mamá Noel, pero en su faceta más cachonda. Se agachaba insinuante mientras decoraba la parte inferior del árbol y Blanca no podía quitar ojo a esas piernas y a ese culito que casi asomaba por debajo de la falda.

La botella estaba ya en las últimas y solo faltaba poner las luces al árbol. Se les atascó un poco esta tarea, la más complicada (y muchos estarán de acuerdo) de todo el proceso. Blanca se arrodilló para desenmarañarlas, mientras Sara las iba colocando en el árbol. Entonces, ella se inclinó y dejó a la vista de Blanca un morboso tanguita rojo.

Sara sabía que su amiga no paraba de mirarla y continuaba exhibiéndose adrede y rozándose con ella de manera sutil. Le excitaba ser su objeto de deseo y sintió que su sexo se humedecía. De súbito, Blanca soltó las luces, se armó de valor y empezó a acariciar lentamente las piernas a su amiga mientras esta se encontraba de espaldas a ella. Rozó con las yemas de sus dedos sus muslos y enseguida acompañó las caricias con besos.

Agarró con dulzura su trasero sin parar de besar sus piernas entreabiertas. Levantó su falda y contempló sus nalgas suaves. Jugueteó con el tanga de su amiga mientras sus dedos buscaban hundirse en el sexo de aquella. Sara dio un respingo cuando los sintió entrando y saliendo delicadamente de ella y se le cayó una bola de las manos.

Blanca azotó con cariño a su amiga mientras acercaba su boca a su coño, dispuesta a llevarla al éxtasis. Su lengua ávida de Sara recorrió todos sus rincones hasta embriagarse de ella. Blanca se levantó del suelo sin despegar los labios del cuerpo de su amiga. Ascendió por él lentamente hasta llegar a su boca. Su vestido, tan morboso, ya había terminado su cometido y fue fuera.

Se fueron al sofá y Sara reconoció el olor de su sexo en los labios de aquella. No se tumbaron, se quedaron de rodillas sobre los cojines, frente a frente, escudriñando cada una el cuerpo de la otra.

Sara quedó embelesada con la abundante delantera de Blanca. Besó sus pechos y también chupeteó sus gruesos pezones, mientras la miraba fijamente a los ojos. Blanca, entonces, retomó la tarea que había empezado minutos atrás y volvió a recrearse con el clítoris de su amiga, que seguía pidiendo guerra.

¿Sería esta una nueva tradición navideña que añadir al montaje del árbol? Las dos coincidieron en que no era mala idea.

Andrea B.C.

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