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Relato lésbico: La Oca morbosa
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Relato lésbico: La Oca morbosa

Un relato erótico lésbico con mucho morbo y un juego sexual que enciende a las dos protagonistas. El juego de la oca nunca fue tan poco inocente. ¿Te atreverías a tirar los dados?

La Oca morbosa

Una botella de vodka y dos vasos de chupito esperaban ansiosamente a Belén aquella noche de viernes. Mientras tanto, Rocío definía sus rizos con ayuda del secador, frente al espejo, y se daba los últimos brochazos de colorete. Había elegido para la ocasión una falda de tubo de cintura alta y un corpiño fucsia, a juego con su pintalabios. Descalza, se dirigió hacia la puerta para abrir a Belén, que apareció con otra botella de alcohol en sus manos.

Con su look masculino habitual y su pelo corto ligeramente engominado, Belén recibió muy efusiva a Rocío, ya que hacía algunas semanas que no se veían. Muy descarada, como solía ser, le espetó a Rocío lo “increíblemente buenorra” que estaba con ese modelito. Aunque estaba acostumbrada a ese tipo de salidas de su amiga, se sonrojó un poco.

Se sentaron en el sofá con objeto de beber un poco y charlar sobre sus novedades antes de salir por el centro. Rocío se incorporó para abrir una de las botellas y sintió los ojos de Belén encima de ella. Bajó la cabeza a sus piernas y descubrió que la falda se le había subido a la altura de los muslos y casi podía adivinarse su ropa interior.

Llenó ambos chupitos y la temperatura del ambiente comenzó a subir. Después vinieron otros dos y, tras ellos, otros dos, hasta que ya Rocío ni se molestaba en colocarse la falda. Entonces, Belén le propuso jugar a “La Oca morbosa” para echarse unas risas. Rocío cogió su ordenador y lo puso en la mesa, frente a ellas. Mientras tecleaba en Internet las palabras mágicas, notó que Belén le acariciaba sutilmente uno de sus muslos y se acercaba a ella con el pretexto de ver mejor la pantalla.

Primera tirada de dados. Turno de Rocío. “Beso en los labios”, leyó. Se giró hacia Belén y, despacio, aproximó sus labios a los de ella, que le esperaban entreabiertos. La primera tenía la intención de darle un beso fugaz, superficial, pero Belén no estaba dispuesta a permitirlo, de modo que tiró de su labio inferior y lo chupó ávidamente al tiempo que su lengua buscó ansiosa la de Rocío. “¡Qué malvada eres, Belén!”, le gritó ella, medio enfurruñada, medio en broma. “Quizás, pero no me niegues que no te gustó”, le respondió.

Turno de Belén. “Lame su escote”, estaba escrito. Rocío estaba empezando a arrepentirse de haber empezado este jueguecito pero estaba tan ‘alegre’ que se le pasó la vergüenza enseguida. Con cuidado y mirándole lascivamente, Belén tiró del corpiño de su amiga hacia abajo hasta que buena parte de sus pechos quedaron al descubierto. Su lengua sedosa recorrió el escote de Rocío, que empezó a excitarse. Se quedó tan ensimismada que ni se percató de que Belén había ampliado su zona de influencia y su inquieta lengua ya estaba al acecho de sus pezones. Bajó más su top hasta que los senos de Rocío se encontraron totalmente fuera. Sin tocarlos con las manos, los recorrió con sus labios, deleitándose en sus endurecidos pezones. Rocío sabía que la situación estaba desmadrándose pero, al mismo tiempo, se sentía, extrañamente, muy cachonda.

De repente, Belén paró y le colocó con delicadeza el corpiño en su sitio, sin parar de observarla con fuego en los ojos e instándole a que tirara los dados virtuales.

Ardiendo, Rocío hizo ‘click’ en los dados y leyó: “Quédate en ropa interior”. Se quedó muda a la par que excitada. “Mmmm. Muy bien, pero antes voy a necesitar uno de estos”, dijo en voz alta y sirviéndose otro chupito. Belén no le quitaba los ojos de encima mientras Rocío se bajaba la falda y se quitaba las medias y el corpiño. Descubrió a su lado una diosa con un minúsculo tanga y un sujetador semitransparente que mostraba su exuberancia.

Se apresuró a tirar: “Bésale los muslos”. Rocío se sentía extasiada y en una nube de alcohol y morbo y, decidida, se recostó sobre el sofá entreabriendo las piernas. Belén se agachó, situando su cabeza entre sus extremidades y comenzó a esparcir pequeños besos en sus muslos, hasta que, poco a poco, estos fueron haciéndose más húmedos. Su lengua escaló hasta sus ingles y, luego, hasta su monte de venus. Deslizó el tanga y siguió besando su sexo sin descanso. Su lengua se fundió con su vello púbico y fue al encuentro del clítoris, provocando tenues espasmos en Rocío.

Ella estaba absolutamente entregada al placer y apretó la cabeza de Belén contra su vagina para hacérselo saber. Entonces, se mojó los labios en vodka y volvió a sumergirse en los pliegues de Rocío, quien se corrió al instante al sentirlos tan fríos en lo más caliente de su ser.

Belén, burlona, se volvió hacia su satisfecha compañera. “Parece que ya tenemos ganadora. Eres la primera que ha llegado al final ¿no?”.

Andrea B.C.

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