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Relato lésbico: Entre jabón y deseo
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Relato lésbico: Entre jabón y deseo

¿Te da vergüenza ducharte en una ducha común? Esme cambia pronto de idea cuando una atractiva y sexy desconocida se enjabona a su lado con movimientos sexuales. Una cosa lleva a la otra y las dos chicas dejan de lado la timidez para inaugurar las vacaciones de verano con un potente orgasmo.

Entre jabón y deseo

Esme tenía el primer fin de semana libre en mucho tiempo. Enseguida se lanzó a Internet para buscar un chollo e irse un par de días a la playa. Lo más barato que encontró fue un hostel bien ubicado con baño compartido. Por supuesto, no era ningún lujo, pero al menos conocería a gente.

Llegó acaloradísima con el sol de mediodía y le recibió un señor muy amable y algo mayor. Le mostró su habitación, la cocina y el resto de estancias. El hostel era pequeñito y sólo contaba con dos baños: uno en el que sólo era posible ducharse con agua fría y otro con varios grifos pegados a la pared y sin separadores.

– Da mucho juego entre los huéspedes y tiene mucho morbo- le explicó el dueño del lugar. A Esme no le entusiasmaba demasiado la idea de compartir ducha junto a un puñado de desconocidos, pero el hombre la tranquilizó diciendo que podía hacerla privada con solo echar el pestillo.

Cuando se marchaba a la calle, se cruzó con una chica que, a juzgar por su piel bronceada, ya llevaría varios días por allí tostándose al sol. Aquella tarde, en la playa, no pudo quitársela de la cabeza.

Llegó de nuevo al alojamiento con el objetivo de darse una ducha antes de ir a cenar. Cogió sus cosas y, afortunadamente, no había nadie en aquel cuarto de baño espacioso con varias duchas. Estaba a punto de cerrar la puerta cuando escuchó “¡espera!”. Era la chica de esa mañana, quien salía envuelta en una toalla y congelada por el agua fría de la ducha contigua, preguntándose si no le importaba compartirla con ella, ya que había espacio de sobra para las dos.

Aunque le resultaba un tanto incómoda la situación, no fue capaz de negarse. Sin pudor, la joven colgó su toalla y se colocó desnuda bajo una de las duchas. Esme observó de reojo su cuerpo. Tenía un culito estupendo con la marca del tanga y unos pechos firmes y de tamaño perfecto. Mientras terminaba de desvestirse, se quedó embobada mirando cómo le caía el agua por la espalda y se enjabonaba los muslos.

Se situó junto a ella y trató de mantener la calma. Volvió a observarla. Seguía cubierta de jabón y tenía los pezones erectos. Era una imagen tan erótica que el contacto del agua con su sexo no hacía sino incrementar su excitación.

Las chicas se lanzaban miradas furtivas e insinuantes, cruzando más sonrisas que palabras. Entonces, Esme sintió una esponja deslizarse sugerentemente por sus hombros y un cuerpo arrimado a su espalda. Sintió su aliento devorarla y sus senos rozándose con ella. Las manos de la chica se convirtieron en esponja para frotar con descaro sus tetas. Aquella tiró de sus pezones y se agachó para succionarlos con sus labios de seda. Esme estaba ardiendo.

Los cuerpos de las jóvenes se fundieron para compartir jabón y deseo a partes iguales. La chica se puso de rodillas en el plato de ducha y agarró a Esme de las nalgas para atraerla hacia su boca. Su lengua perversa no dejó sin descubrir ningún rincón de su sexo. A Esme le temblaban las piernas y casi le costaba mantener el equilibrio a las puertas del clímax. Se movía enloquecida sobre su boca buscando el mayor placer. Estaba a punto de llegar al orgasmo, pero estaba disfrutando tanto del camino que no quería alcanzarlo. No pudo controlarlo y explotó ante la dulce carita de aquella, que de inocente no tenía nada.

La levantó y besó sus labios apasionadamente, apretando nuevamente su cuerpo al de ella y acariciando sus curvas de vértigo. Esme tocó su sexo, hundiendo los dedos en su interior, que resbalaban casi sin esfuerzo. La masturbó frenéticamente hasta que a aquella chica también le temblaron las piernas.

Andrea B.C.

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