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Relato lésbico: Amor en silencio
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Relato lésbico: Amor en silencio

¿Quién ha dicho que una película de zombies no puede ser romántica? En este relato erótico de Andrea B.C., Tere y Clara convierten su miedo y sus gritos de susto en verdaderos gemidos de placer. Los zombies pueden esperar.

Amor en silencio

La oscuridad reinaba en el salón, donde la única luz era la que emanaba del televisor. Los padres de Tere llegarían tarde a casa aquella noche, así que invitó a su amiguita especial. Habían elegido una película terrorífica pese a las reticencias de Clara, que odiaba esa clase de filmes. Tere, por su parte, estaba deseando que el zombi entrase en acción para que la chica se arrimara a ella. Los gritos de pánico que emitía por cualquier escena no hacían sino que Tere se enamorara más de ella.

Tenían las manos cogidas y, de vez en cuando, Tere miraba a Clara para ver su expresión. Esta, entonces, se daba cuenta y le daba un beso. Al menos, durante unos segundos, se evadía de aquella película de horribles personajes. Aquel último beso duró más de la cuenta. Sus lenguas estuvieron un rato entreteniéndose chupándose la una a la otra, mientras el calor se apoderaba de ellas. Tere llevaba una faldita que era una auténtica tentación para Carla. Entonces, levantó sus piernas y las colocó sobre ella para acariciarlas mientras se devoraban con los labios. Enseguida las yemas de sus dedos alcanzaron sus braguitas y su sexo. Lo rozó superficialmente, de pasada, y eso le bastó a Tere para excitarse.

Tere presionó Pause en el mando para poder continuar con aquello, que se veía mucho más interesante. La ternura de sus caricias se convirtió en puro arrebato cuando sintió los dedos de Clara deslizarse por los pliegues de su sexo. Lo tocaba dulce y lentamente, logrando que su deseo aumentara más y más. Notaba sus bragas mojadas y su clítoris hincharse poco a poco. Clara se puso de rodillas en el suelo y le abrió las piernas, poniéndolas sobre sus hombros. Tere podía sentir su aliento sobre su coño cuando escuchó la puerta. Sus padres.

Medio segundo fue suficiente para fingir que solo miraban la pantalla. Ellos saludaron a las chicas y les dieron las buenas noches. Tere aprovechó para informarles de que Clara se quedaría a dormir aquella noche. Ningún problema, claro.

Reanudaron la película deseando que acabara, deseando irse juntas a la cama. Ya en la habitación, prepararon la cama de la invitada y se tumbaron en la de Tere. Volvieron a juntar sus labios y sus cuerpos, pero, era tal el silencio que imperaba que hasta se oían sus besos.

Se desnudaron completamente, tratando de convencerse de que lo único que podían hacer sería magrearse un poco con el más absoluto sigilo. El dormitorio de los padres de Tere estaba al otro lado de la pared.

El mero roce de sus cuerpos las encendió de nuevo. Tere succionó los pezones de su chica hasta que a esta le fue imposible reprimir sus gemidos. Lamió sus pechos redondeados y suaves que abarcaban más que sus manos. Jugueteó con sus labios vaginales y su clítoris mientras Clara le susurraba que iba a explotar.

Tere le tapó con ternura la boca y fue besando su cinturita estrecha y el piercing de su ombligo. Su lengua siguió el camino dibujado por su vello púbico y se preparó para darse un festín. Habían traspasado el punto de no retorno.

Tere estaba tan cachonda viendo a Clara disfrutar con aquel cunnilingus, que hizo que ese mínimo roce de las sábanas en su sexo desembocase en un potente orgasmo, el cual, en otras circunstancias, hubiera despertado a sus vecinos.

Ahora solo les quedaba esperar que en el cuarto contiguo tuvieran el sueño muy profundo.

Andrea B.C.

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