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Relato erótico: "Como una reina"
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Relato erótico: “Como una reina”

Y allí estaba Carla esperando a Andrés en el aeropuerto tras volver de su viaje por los países nórdicos. Habían quedado en que él iría a buscarla en coche y luego pasarían la noche en su casa. Así evitaría tener que coger el autobús, que tanto le aburría. Al salir por la puerta de las llegadas y ver un montón de caras desconocidas, dio con el rostro barbudo de su amigo, una gran sonrisa y unos bonitos ojos verdes. Se saludaron con dos besos y Carla se sumergió en esa fragancia que le hacía tan especial.

Andrés cogió su maleta y, de camino al aparcamiento, le estuvo preguntando sobre su viaje entre risas y anécdotas. Al llegar al coche, colocó todo en el maletero y pusieron rumbo a su casa. El viaje fue muy tranquilo, Andrés le contó lo que iba a prepararle de cena y soltó una frase que le gustó mucho a Carla: “Te voy a tratar como a una reina.”

Al llegar, Carla respiró el aroma de la comida que había preparado Andrés para ella. Eran sus platos preferidos, que tanto había echado de menos en su viaje. No se contuvo y, de la emoción, agarró a Andrés y le besó tiernamente en los labios. Esto hizo que notase una pequeña erección, encendiendo algo en Carla.

Durante la cena, Andrés le preguntó sin tapujos si había estado con algún chico en su viaje. Estuvieron hablando un rato sobre temas subidos de tono, pero siempre con vino en las copas. Carla cada vez se sentía más charlatana y le fue contando todo con pelos y señales; Andrés no paraba de reírse, beber y servir vino. Así, hasta que se bebieron botella y media. Acabaron en el sofá tomando un helado directamente desde la tarrina sin parar de reír.

– Ahora túmbate y relájate, que viene el masajista- dijo Andrés con sorna cuando se lo acabaron.

Entonces, se levantó y fue a recoger un poco la mesa. Carla, muy obediente, se desvistió, quedándose en braguitas, y se tumbó de cara a la puerta, por donde esperaba que entrase Andrés unos minutos después.

Cuando apareció este por la puerta, abrió tanto los ojos que Carla pensó que se le iban a salir de sus órbitas.

– ¡No te quedes ahí pasmado mirando que me voy a quedar helada!- chilló.

Andrés cogió crema y se preparó para empezar el masaje, pero ella le paró comentando que no estaban en igualdad de condiciones con toda la ropa puesta y le obligó a quitársela.

Una vez en ropa interior y las manos llenas de crema, Andrés comenzó el masaje por la contracturada espalda de Carla. De vez en cuando, esta iba mirando, sin ser demasiado descarada, hacia el paquete de Andrés y lo veía voluminoso. Muchos pensamientos le vinieron a la cabeza imaginando lo que escondía allí.

Le pidió que también le masajeara las piernas que, de tanto andar, le dolían y Andrés le recomendó que se quitase las braguitas, ya que se las mancharía de crema. Carla pensó que era muy listillo y, mirándole con una sonrisa pícara, le dijo que ya sabía lo que le tocaba a él si lo hacía.

Dicho y hecho, sintió cómo dos manos suaves por la crema agarraban sus últimas braguitas limpias y se deslizaban por las piernas. Se sintió con una libertad inusual y las vio volar hacia el suelo junto a los bóxers que llevaba Andrés.

El masaje continuó por las piernas y, cada vez que Andrés se inclinaba para llegar a sus tobillos, notaba el roce de su miembro en el costado de su cuerpo. Cuando Andrés paró un momento para coger más crema, ella se incorporó. Andrés se giró y ella comprobó cómo los ojos de su amigo recorrían todo su cuerpo y poco a poco su erección se fue haciendo más notable.

Al ver su verga completa, sonrió y la trajo hacia su boca y comenzó a darle suaves lametones, recorriéndola desde la base hasta la punta. Al llegar a la punta, siempre miraba hacia el chico para ver sus reacciones. Andrés no iba a poder contenerse mucho más, así que la separó de su miembro. Carla quedó sentada mirándole, con su erección brillante por la saliva. Andrés se puso de rodillas y le abrió las piernas. Ella se sintió un poco avergonzada por no estar completamente depilada, pero a él era lo último que le importaba y se lanzó a besar y lamer con avidez su vagina.

Tras un rato en el que Carla pensó que se corría, empujó a la cabeza de Andrés hacia su boca y se besaron largo y tendido. Durante el beso, las manos de Andrés jugaron con sus pechos y su verga rozaba sutilmente el sexo de aquella. Poco a poco fueron encontrándose y Carla sintió cómo el miembro de Andrés se iba colando sin intención en su interior. Las uñas de ella se clavaron suavemente en la espalda de su amigo y también agarraba con fuerza sus glúteos para saborear aún más la penetración.

Los gemidos de Carla le animaron a moverse con brío, metiendo y sacándola del cuerpo ardiente de ella. Sudando, probaron todas las posturas que dejaba el sofá hacer. Andrés parecía a punto de explotar, pero aguantó hasta que Carla alcanzó su orgasmo, Él, sin poder más, sacó su miembro y eyaculó en su estómago.

Se miraron completamente sudorosos y despeinados, se sonrieron y pasaron a la habitación, en la que, quizás, habrían estado más cómodos desde el principio. Se sumergieron en las sábanas y entraron en un profundo sueño esperando a que la mañana del día siguiente les diera un segundo asalto.

 

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