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Relato erótico: Road trip con amigas
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Relato erótico: Road trip con amigas

Ya es tiempo de planear las vacaciones de verano. Este grupo de amigas tiene claro que sueñan con hacer un road trip, un viaje por carretera en una caravana para las cuatro. Ya sabéis lo que pasa en los viajes por carretera, y es que el roce hace el cariño...

Un apasionado ‘road trip’ con 4 amigas

Cuatro amigas, una caravana y 2.000 kilómetros por recorrer. El plan sonaba muy prometedor y ya contaban las horas para emprender el viaje. A Loli le encantaba viajar de noche, pues las carreteras estaban casi solitarias y la sola luz de la luna iluminándolas tenía un encanto especial. Pocas palabras necesitó para convencer a sus tres amigas viajeras de que era el mejor momento del día para iniciar ese road trip.

A la hora y en el lugar acordado se encontraron las cuatro chicas, con una emoción más que visible. Eso sí, la ilusión por aquella aventura que llevaba tiempo deseando no podía compararse con la que sentía por el hecho de que una de las compañeras de viaje fuera ella. Ella era Raquel, prima de su mejor amiga, de cabello rubio y ojos marrones intensos.

Las primeras dos horas en carretera pasaron volando entre conversaciones y risas mil. Ya entrada la madrugada, a Raquel se le cerraban los ojos y fue la primera en irse a dormir. Se quitó los pitillos y se tumbó en una cama, echándose una manta por encima. A través del espejo, Loli contemplaba la escena y se excitaba solo de verla pasearse en tanga por la caravana.

Un buen rato después, era de ella de quien empezaba a apoderarse el sueño. La conductora le dijo que se acostara pero que antes despertase a Raquel para hacer el relevo. Sin rechistar, Loli accedió a la parte trasera del vehículo y se puso de rodillas frente a la litera donde dormía plácidamente la chica. Estaba oscuro y apenas le veía el rostro. Le rozó las mejillas mientras susurraba su nombre para que abriera los ojos. Esta los abrió de súbito y le sonrió. Entonces, se deslizó hasta el otro extremo de la cama, haciéndole saber que podía acompañarla un momento, si quería, hasta que se desperezara del todo.

Loli se quitó las zapatillas y se echó junto a ella. La oscuridad, sin duda, hacía todo mucho más fácil. Sus manos se encontraron bajo las sábanas y, como un acto reflejo, entrelazaron sus dedos y comenzaron estos a acariciarse entre sí. Lo siguiente que unieron fue sus labios, que se enredaron despacio y con deseo. Loli abrazó su  cinturita estrecha, desviando luego su atención hacia su trasero, firme y suave. Lo manoseó y jugueteó con la tira de su tanga, ansiando arrancárselo.

Continuó las caricias hasta que alcanzó su zona más íntima. Estaba mojada, tanto o más que ella y sus dedos se resbalaron sin esfuerzo hacia su interior. Loli también se bajó sus braguitas y pudo sentir cómo la excitación la inundaba al aproximar su sexo al de aquella.

Se puso sobre Raquel para contemplarla mejor. No tenía un gramo de grasa en su tripa y sus pechos eran redondos y apetecibles. Se inclinó para succionar sus pezones, que ya la estaban esperando muy duros. Sus labios se deslizaban y tiraban de ellos hasta hacerlos enormes y Raquel apenas podía controlar sus jadeos.

Loli se detuvo en su vientre, besándolo y anticipando con sus movimientos cuál sería la siguiente parada de su boca. Un poco más abajo le aguardaba un coñito que sabía tan bien como olía y que estaba totalmente depilado. Su lengua se recreó en él y la llevó al orgasmo en cuestión de unos minutos.

Casi a continuación, escucharon la voz de la amiga conductora, llamándolas. Se habían olvidado totalmente de ella. Loli le dijo a Raquel en tono divertido que en cuanto se fuera tendría que aliviarse de alguna manera, pues seguía muy caliente.

No obstante, Raquel le contestó que se esperase, porque le daría unas horas más tarde, en el siguiente relevo, un despertar de similares características al que ella había tenido. Nada más que discutir, entonces.

Andrea B.C.

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