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Relato erótico: Un lector con mucho vicio
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Relato erótico: Un lector con mucho vicio

En este relato erótico, Andrea B.C. nos cuenta la historia de una escritora erótica que tiene un tórrido encuentro con uno de sus admiradores. Pronto, todo lo que ella había escrito en sus textos se hace realidad y supera sus expectativas.

Un lector con mucho vicio

Cada jueves Victoria se echaba en el tresillo de su salón en busca de inspiración para su relato semanal. En ocasiones, se inspiraba en vivencias personales; en otras, buscaba el lado sexual en situaciones cotidianas. La mayoría de las veces se ponía tan cachonda que tenía que apartar durante unos minutos el ordenador y aliviarse.

Aquella tarde no lograba concentrarse y buscaba cualquier excusa para desviar su atención. La encontró en forma de correo electrónico. Era de, quien parecía, un ávido lector de sus relatos. Era un email muy escueto en el que elogiaba su manera de escribir y le confesaba que siempre se empalmaba mientras leía sus historias. A partir de ahí, cada semana aquel anónimo lector le escribía comentándole sus impresiones hasta que cierto día le propuso un reto: ¿qué le parecería un relato sobre una escritora y su incansable lector?

Lo cierto es que esa proposición le parecía una locura, pero, al mismo tiempo, le daba un morbo terrible. Realmente no perdía nada. En el peor de los casos, la anécdota se quedaría en un café con un admirador.

Dicho y hecho concretaron fecha y lugar. Ya había hecho sus indagaciones en Internet y el chico parecía normal. Cuando lo vio aparecer, lo reconoció enseguida y, de hecho, se llevó una grata sorpresa. Era un poco más alto que ella, moreno y con perilla. Tenía un aire intelectual, lo que confirmó cuando comenzaron a hablar. Cuando se acercó a darle dos besos, se embriagó de su intenso perfume. Le encantaban los tíos que olían bien.

Al principio, obviaron el verdadero motivo que les había traído a conocerse. De forma natural fueron entrando en materia.

– Me encantaría follarte ahora mismo, ¿sabes?- dijo él muy tranquilo, también de la manera más natural del mundo.

Una ráfaga de calor le recorrió el cuerpo a Victoria y no dudó en corresponderle. Caminaron uno junto al otro hasta casa. Pese a sus intenciones más que evidentes, todavía no se habían besado, ni apenas rozado, lo que contribuía a hacer el momento mucho más excitante.

En cuanto Victoria abrió la puerta de su piso y posó las llaves en la mesita de la entrada, dejaron de aguantarse las ganas. Este la empotró contra la pared y se lanzó a sus labios manoseando todo su cuerpo. Su boca bajó hasta su cuello y lo mordió sin compasión. Esta enrollaba sus dedos en su pelo sin dejar de jadear, sintiendo cómo su lengua se encaminaba hacia sus pechos.

Se entretuvo largo rato en sus pezones, succionándolos y pellizcándolos hasta que se pusieron inmensamente duros. Sabía exactamente cómo ponerla a mil por hora. Su boca chupaba todo cuanto estaba a su paso hasta que llegó a su pubis. Tiró de sus bragas y comenzó a comerse su clítoris a punto de estallar. Le temblaban las piernas y casi le costaba mantener el equilibrio. Este continuó de rodillas en el suelo, con la cabeza en su coño mientras agarraba su culo. Se miraba en el espejo de la entrada, con él entre sus piernas y ella explotando en un gran orgasmo.

Totalmente desnuda, él fue desvistiéndose de camino a la habitación. Este se sentó en la cama con su tremenda erección. Victoria se arrodilló y pasó su lengua por la polla de manera sugerente, desde los testículos hasta el glande. Luego, la abarcó con su boca totalmente y empezó a engullirla.

Después, le ayudó a ponerse un preservativo y se sentó encima de él, de espaldas. Cuando la sintió bien adentro comenzó a moverse sobre él. Este le acarició sus senos, que no cesaban de agitarse. La cogió de la cintura mientras empujaba fuerte desde abajo, para penetrarla lo más profundo posible. Cuando estaba a punto de correrse, quiso regalarle a Victoria un segundo orgasmo y tocó su clítoris hasta que sus dedos la llevaron al clímax de nuevo.

Tras un rato, comentaron la jugada, bromeando con que Victoria tendría material suficiente con aquello. Esta, además, le confesó que le había parecido muy buen amante.

-Digamos que tus relatos son el reflejo de tus deseos y yo sé leer entre líneas- le respondió aquel, con una amplia sonrisa.

Andrea B.C.

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