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Relato erótico: "Habitación y pasión compartida"
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Relato erótico: «Habitación y pasión compartida»

Leila conoció a Tom en la sala común. Estaba revisando emails, así que solo se limitó a responder brevemente a su saludo cuando se sentó en el sofá frente a ella. No obstante, el chico parecía tener ganas de hablar y le ofreció una copa de una botella de vino que acababa de comprar. Se fijó en él más detenidamente cuando empezaron a hablar sobre lo que les había traído a aquel país. También se enteró de que aquel chico moreno de ojos claros y sonrisa inagotable era alemán. Nunca lo hubiera dicho, pues Tom era de todo menos serio.

Al poco, se unieron a la conversación otros huéspedes de aquel alojamiento. Leila hablaba con todos, pero de vez en cuando lo miraba de reojo. A veces sus miradas se encontraban, cómplices; en otros momentos, sus ojos recorrían su cuerpo de arriba abajo, inspeccionando cada detalle. Sin poder evitarlo, en ocasiones se descubría a sí misma observando su paquete sobresaliente a través de sus vaqueros. Era un bombón este Tom.

Luego se enteraría de que Tom dormiría en la misma habitación que ella. Demasiada tentación, pensó. Eso sí, junto a seis personas más.

A eso de las 2.00 am entraron en el dormitorio compartido tratando de hacer el menor ruido posible. Todos dormían.

Leila se desvistió y se metió en la cama. Se escabulló bajo el nórdico y corrió la cortina de la litera. Sabía que al otro lado, en la misma habitación, estaba Tom desnudándose y eso le puso cachonda.

A punto de dejarse vencer por el sueño, escuchó que alguien accedía a su pequeño cubículo privado. Era Tom intentando hacerse un hueco junto a ella en la cama. La abrazó y antes de que esta pudiera decir nada, estaban comiéndose la boca.

En silencio comenzaron a acariciarse despacio. Leila deslizó sus dedos por su torso desnudo y se detuvo en su ombligo. Se entretuvo con el elástico de sus boxers hasta que Tom le agarró de la mano y la colocó en su entrepierna. Leila frotó su pene erecto mientras sentía la respiración agitada de Tom en su oído.

Éste le bajó las bragas y arrimó su sexo al de ella. Su pene rozaba la entrada de su vagina empapada. Eso les ponía a mil.

Separó más las piernas mientras Tom le sobaba las tetas. Los labios traviesos del alemán chuparon sus pezones y Leila tenía que taparse la boca con la mano para no ser delatada.

Tumbado de lado, Tom realizaba leves movimientos de cadera, de modo que su polla acariciase el clítoris de aquella. Leila quería más, ansiaba tenerlo dentro.

Estaba tan mojada que su pene entró en ella con tremenda facilidad. La penetró hasta el fondo y la volvió a sacar lentamente. Leila agarró sus nalgas y atrajo su cuerpo hacia el de ella para saborear cada embestida.

Cuando estaba a punto, se masturbó mientras su polla seguía dentro. Utilizó el hombro de Tom para ocultar sus gemidos mientras disfrutaba de un intenso clímax. En este instante, éste eyaculaba sobre su pubis y Leila continuó acariciándose el clítoris con su semen, acabando totalmente embadurnada. Ya habría tiempo de limpiarse al día siguiente.

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