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Relato erótico: "Por fin solos"
¡Lo último!

Relato erótico: «Por fin solos»

Desde que nació el bebé, todo era felicidad en casa, aunque apenas tenían tiempo para nada más. Por el día, no les faltaba energía para hacer frente a las responsabilidades del trabajo, el hogar y el nuevo miembro de la familia. La única pega era que ni siquiera por las noches tenían ese momento de intimidad que ansiaban desde hace tanto tiempo. Eran padres, sí, pero también jóvenes llenos de deseo.

Llegaba la noche y se metían bajo la colcha, en el silencio de la habitación a oscuras. El bebé parecía que dormía tranquilo en su cuna junto a la cama. Pese al cansancio, les apetecía mucho fundirse en uno y comerse enteros. Una mínima caricia de Tamara era suficiente para que Joaquín se excitase. Enseguida su erección apuntaba a su chica con intenciones más que claras. Un leve crujir del somier y el bebé se despertaba. Otro día tachado en el calendario.

Afortunadamente todo pasa y todo llega. El pequeñajo de la casa ya estaba listo para dormir en su propia habitación. Esperaron a que se durmiese y entornaron la puerta de la suya. Ya casi no recordaban la última vez que habían hecho el amor.

Tamara se recostó sobre su brazo derecho y aproximó su cuerpo al de Joaquín. Estuvieron un largo rato besándose, saboreando bien los labios del otro. Los besos dulces y lentos del principio dieron paso poco a poco a otros un poco más subiditos de tono hasta que todo les empezó a sobrar. Joaquín le bajó en un santiamén las braguitas y le dejó el camisón, que no impedía el acceso a sus pechos. Estaba muy contento de que hubieran aumentado un par de tallas tras el embarazo. Los estrujó con sus manos mientras su boca se recreaba en sus gruesos pezones. Estaban tan erectos como su pene. Tamara se estremeció al sentir la polla de su pareja presionando la entrada de su sexo.

Se acercó a sus bajos y comenzó a masturbarle, mientras Joaquín le daba leves cachetes en las nalgas. Después chupeteó la punta sin introducírsela en la boca, solo lamiéndola lentamente. Entonces, se la metió entera y comenzó a chuparla cada vez con más intensidad, como una piruleta que llevaba tiempo deseando degustar.

  • Cariño, espera, para- susurró Joaquín, mientras le retiraba la cabeza de su pene.

Estaba tan cachondo que sabía que si aquella seguía así no duraría mucho. Entonces, la tumbó y se puso encima de ella, buscando sus labios. Posteriormente, buscó su cuello, sus senos, su ombligo, su monte de Venus. Separó sus piernas y se colocó en medio. No tardó en identificar con su lengua su clítoris abultado, lo lamió con suavidad y también los alrededores. Tamara trataba de controlar los jadeos agarrándose al pelo de su chico. Este detuvo su lengua un instante y ella se movió descontrolada, masturbándose con la boca de él hasta que atravesó las puertas del clímax.

Joaquín volvió a buscar sus labios, acariciando sus cabellos mientras recuperaban ambos la respiración. Tamara de nuevo sintió su erección rozando su sexo y en un mínimo movimiento, terminó dentro de ella. La agarró de las caderas, penetrándola y sintiendo cada milímetro de su cavidad. Salía y entraba despacio, sin prisas, hasta que el cuerpo empezó a pedirles más. Entonces, Joaquín incrementó el ritmo de sus embestidas, tanto que el cabecero de la cama empezó a golpear la pared.

El segundo orgasmo de Tamara no se hizo esperar; el primero de él, tampoco. Se echaron en la cama, sabiendo que, de un momento a otro, se escucharían unos lloriqueos que había que atender en la otra habitación.

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