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Relato erótico: El rastafari
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Relato erótico: El rastafari

En el décimo capítulo del relato erótico 'Los apetitos carnales de Almudena', Pasión25 surge cuando menos se la espera, entre dolor y excitación. ¿Empieza su personaje sexual a dominar a Almudena?

Los apetitos carnales de Almudena

10. El rastafari

Almudena ha escrito sus últimas experiencias sexuales en el diario. A continuación, apunta los nombres de los amantes en la agenda: Red Bull ―el hombre asesinado―, José ―su ex novio― y el Sr. Lobo con un espectador de excepción; El innombrable. Estar con el Sr. Lobo ha sido la mejor experiencia dentro de la red de contactos eróticos Sexo Triple X.

De repente, suena el teléfono; convencida que es su amiga Yoli, no contesta. Quiere olvidar la locura de descubrir al posible homicida y convencerla para que hable con la policía. Pero se equivoca. Cuando va a contestar, ya han colgado. Escucha el mensaje:

― Almudena, te llamo de Nautilius Tattoo. Te esperamos a las 19:30h para hacerte un piercing en el ombligo. Si quieres cancelar la cita, avísanos.

― ¡Caray, se me había olvidado! ―suelta a grito pelado―. Me apetece mucho ponérmelo: queda muy sexy ―acaricia su abdomen.

Antes de llegar al estudio de tatuajes, wasapea con las amigas y recibe un mensaje de Yoli: “Acabo de salir de la última sesión de láser: no tengo ni un pelito, ¡me encanta!”. Muerde sus glotones labios pensando en lo que se comería; casi la atropellan.

En Nautilius Tattoo saluda a la chica de recepción, que está a punto de marcharse.

― Almudena, luego le pagas a Alex. Tengo prisa. Como eres de confianza, elige el que más te guste ―abre la vitrina con los adornos de plata y circonitas―. Ya sabes el camino.

Almudena pasa a la sala quirúrgica con un colgantito en la mano. Alex la mira y le dice que se tumbe en la camilla.

― No te dolerá nada ―insinúa pasando sus manos por el ombligo descubierto de Almudena. Recuerda el mensaje de Yoli y se excita. Sus labios vulvares se dilatan.

Surge Pasión25 con mirada lasciva. Siempre le ha atraído un montón ese rastafari de rastas doradas hasta la cintura, recogidas en una coleta. Alto, ojos verdes, con barba recortada que acaricia de vez en cuando y acento francés. Lleva tatuajes y escarificaciones por diversas partes de su cuerpo. Cuando acaba de ponerle el abalorio, Almudena está mojada. El tatuador ha posicionado los brazos sobre su pubis. Ella se ha mordido la boca con fuerza para reprimir el dolor; un hilillo de sangre resbala hasta su barbilla. Sin embargo, ese tacto impoluto de los guantes de látex junto con la punzada de la perforación le ha agradado.

― Alex, ¿podrías hacerme otro piercing en la boca? ―señala su labio inferior.

― Mujer, claro. Pero son tan sensuales que me apetece comértelos un buen rato ―le dice el rastafari con mirada devoradora.

Las bocas húmedas y deseosas. Pasión25 se levanta y agarra a Alex de la camiseta y lo besa mientras desabrocha sus tejanos caídos. El artista se deja querer en un baile erótico de lenguas, masajeando sus glúteos. Seguido, la mira intensamente. Despasa los botones de su camisa y roza sus pechos por encima del push-up con florecitas que lleva.

No deja de agasajarlos cuando los saca por arriba y lame sus pezones. Rosas y suaves como los de una semivirgen recién estrenada. Ella chupa uno de sus dedos, insinuante. Se arrodilla y le hace una felación palpando la bolsa testicular.

Alex no quiere eyacular todavía. La levanta y sigue desnudándola. Mimando su cuerpo, mordisqueando su esbelta figura. Cuando le baja los bóxer de animal print, Pasión25 abre las piernas, y él babosea su tatuaje. Acaricia sus muslos hasta llegar a su sexo y lamer la oquedad ardiente que le pide más. Su vientre se agita repetidas veces.

Pasión25 está muy mojada. Alex la arrincona contra la pared. Amasa sus turgentes nalgas y la penetra analmente, despacio y rítmicamente, hasta que ambos tocan el séptimo cielo al unísono. Empapados, entre fluidos ardientes y espasmos sexuales.

― Almudena, me gustas mucho ―dice el rasta.

― Siempre me has atraído, Alex. No obstante, desconocía nuestra compenetración ― confiesa ella.

― ¿Son las rastas y demás?… ―se lo dice sujetando su rostro entre las manos, con las frentes juntas.

― No, porque siempre me has tratado como a una cliente.

― Tú eres fisio… Manipulas cuerpos. No te excitarás con todos los clientes, ¿verdad?

― ¡Soy una profesional!

― Yo también.

Alex juguetea con su boca y lame sus hombros; el miembro erecto. Desliza su mano por el cuerpo de Pasión25 ―ella se estremece―, fricciona los labios de su vulva y vuelve a taladrarla acompasadamente. Tiene su tercer orgasmo cuando Alex eyacula. Dos cuerpos extenuados por las apetencias carnales de músculos trémulos.

Pasión25 descubre que siempre ha tenido mala suerte con los hombres. La mayoría han pasado por su vida como un torrente de lujuria carente de afecto, al margen de sus necesidades y deseos.

La experiencia con Alex ha sido gratificante. Una sabrosa golosina paladeada con los cinco sentidos como las tartas de moka: sus preferidas.

 

¿Quieres leer más textos de Anna Genovés? Visita su blog, Memoria perdida.

  • Mar

    ¡Que ganas tenía de leer el siguiente capítulo! ¡Magnífico! Como siempre…

  • Lua

    Me gusta mucho como escribes…

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