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Relato erótico: El chico del kebab
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Relato erótico: El chico del kebab

Tenemos una nueva escritora de relatos eróticos en Pasionis. Cada martes, Andrea B.C. nos acercará las escenas más excitantes de su imaginación. En su primera fantasía se mezclan exotismo y sexo, regado con un poco de vino tinto.

El chico del kebab

– De pollo y con queso, porfa, Adil-. En esos días en que no sabía que cenar, el kebab de debajo de casa era mi salvación. Hacía un tiempo que lo frecuentaba y cada vez tenía más confianza con el chico que lo llevaba, Adil, un etíope de ojos profundos y ardientes. Sin embargo, tengo que reconocer que me intimidaba por esa mirada penetrante que casi me desvestía cuando entraba por la puerta.

Aquella noche parecía otra más, pero iba a ser soberanamente diferente. Adil, de aspecto fornido y ligeramente sudado, se encontraba más bromista que de costumbre. Hacía calor, así que cuando entré en el local me quité la chaqueta, dejando entrever un escote más que acentuado en el que Adil, obviamente, reparó. No había terminado mi kebab cuando me dijo: «Te invito a un té cuando cierre, mi casa no está lejos».

«Qué mono, un té, como es musulmán no puede invitarme a unas cañas” pensé yo. Acepté la proposición, cogí mi kebab y quedamos tres horas después.

No me cambié de ropa ni me arreglé más porque, en mi opinión, no era una cita. Aunque Adil tuviese su atractivo no iba a suceder nada. Llegué y me invitó a pasar. Olía muy bien y se había puesto unos vaqueros que le marcaban el paquete. Demasiado. Me senté en el sofá junto a él y comenzamos a hablar. Ni rastro de té y, en su lugar, una botella de vino. Ya en el primer vaso, yo notaba sus ojos llenos de deseo. Me sentí nerviosa pero, a la vez, excitada.

– ¿Puedo tocarte las…?- Me preguntó en referencia a mis pechos, dándole normalidad a la cuestión. Asentí y empezó a palparlos. Primero ligeramente, por fuera, y luego, con más intensidad e introduciendo sus dedos por debajo de mi camiseta. Cuando me quise dar cuenta, ésta ya había volado y me estaba sobando frenéticamente, como si fuera la primera vez en su vida que tocaba una chica.

Nos empezamos a besar y notaba que él se iba excitando más y más. Toqué su pene por encima de los pantalones y pude sentir su necesidad de salir al exterior. Iba a reventar. Enseguida se deshizo de los mis pantalones y me tumbó con ímpetu en el sofá, al tiempo que se quitaba los suyos, exhibiendo un miembro erecto con ganas de que nos hiciéramos amigos. Era la primera vez que veía uno negro, y pensar que en pocos minutos iba a entrar en mí, consiguió humedecerme mucho más.

Ya desnudo, se tumbó encima de mí y comenzamos a restregarnos estrepitosamente. Estaba a cien, así que cogí su lustrosa barra de chocolate para masturbarme. Mi clítoris, en exceso abultado, no podía más, ni tampoco su pene que estaba chorreando de tanto frotar. Sin embargo, ambos ansiábamos que nuestros sexos se fundieran en uno. Me penetró y jadeé enérgicamente hasta que noté unos espasmos en mi interior.

Me abrazó, en medio de una mezcla de sudores y de fluidos. Le apreté ese culito duro y moreno y me susurró: «Cuando quieras te invito a otro té».

Andrea B.C.

 

  • Alex

    Si te vuelvo a encontrar en El Pirata te voy a contar un relato de verdad, también basado en hechos reales 😉

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