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Relato erótico: "Desfogue mañanero"
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Relato erótico: «Desfogue mañanero»

Tuvimos una tarde de compras, cena, cine y copas, así que llegamos a casa reventados. Aunque la habitación estaba helada, me desvestí como de costumbre para dormir abrazada a él. Estaba deseando acurrucarme bajo las mantas para entrar en calor. Mientras me quitaba el sujetador y me quedaba solo en mis braguitas negras, él me miraba con cara de deseo desde la cama. Me tumbé junto a él y me escabullí entre sus brazos, sintiendo su cuerpo muy muy cerca del mío. Apagamos la luz y nos acariciamos lentamente y en silencio. Nos besamos tranquilos mientras sus manos recorrían mis senos que poco a poco iban entrando en calor. Acaricié su tripa y jugué con el elástico de sus calzoncillos, notando una erección a medio gas. La toqueteé un poco mientras crecía en mi mano y, sin que pudiera evitarlo, me dormí.

Estaba medio despierta cuando, de espaldas a él, noté su miembro tratando de abrirse paso en mi trasero. Aunque aún estaba soñolienta, me ponía cachonda sentirlo casi penetrándome. Entonces, me arrimé más a su erección mientras buscaba sus manos para ponerlas en mis tetas. Empezó a sobarlas y yo a acomodar su pene entre mis nalgas. Lo notaba deslizarse hasta rozar levemente la entrada a mi sexo. Estaba ya mojadísima y él muy caliente también, pero necesitaba urgentemente ir al baño.

Mientras me lavaba las manos, descubrí en el armario un bote de aceite de masajes. Volví a la habitación y me eché un poco en una mano. Su polla seguía tiesa, así que la embadurné y comencé a masturbarlo. Al poco, vertí más aceite en mis pechos y lo extendí bien por ellos, con movimientos provocadores y la mirada fija en él.

Él continuaba tumbado, así que me incliné hasta su verga y la rodeé con mis senos. Empecé a frotarla con ellos. Se escurría sin gran esfuerzo. Por su cara y sus gemidos sabía que estaba a punto de explotar, así que me eché en la cama junto a él de costado. Puse una pierna sobre las suyas y aproximamos nuestros cuerpos hasta fundirnos en uno.

Apretaba mi trasero contra él mientras me embestía con calma, hasta poco a poco volver a coger ritmo. Cuando la notaba bien profunda, aprovechaba y me deleitaba, restregando mi clítoris todo lo que podía y más.

Me di la vuelta y me penetró por detrás agarrándome los pechos todavía humedecidos por el aceite. En esa misma posición comencé a masturbarme y me corrí con él aún dándome. Entonces, me susurró que le terminara como habíamos empezado, que también estaba cerca del orgasmo.

Me coloqué a cuatro patas y volví a introducir su polla entre mis pechos hasta que desapareció del todo. La aprisioné y, en unos segundos, derramó todo su semen. Continué acariciando su pene con ellos un poco más, recreándome en su esperma calentito. Me gustaba mucho esa sensación.

– Buenos días, love – dije sonriendo mientras volvía a acurrucarme junto a él.

 

 

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