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Relato erótico: De fantasía a realidad
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Relato erótico: De fantasía a realidad

De nuevo, Miguel Ángel Sánchez nos relata una fantasía erótica con todo lujo de detalles: una atracción que traspasa edades y culturas, y una tórrida escena en la ducha con final feliz.

De fantasía a realidad

Monique acababa de llegar al piso tras un duro día en la universidad, de manera que lo primero que hizo al llegar fue descalzarse y dejar los zapatos junto a su cama. Estaba estudiando como alumna de intercambio en la Universidad de Dublín, cursando el último curso antes de volver a Francia.

La familia con la que vivía no había vuelto todavía de sus respectivos trabajos y estudios, así que aprovechó para darse una ducha antes de que llegasen. Cogió de sus cajones unas braguitas de encaje negras con un sujetador a juego, unos pantalones de chándal y una camiseta de manga corta de Guinness, que había ganado hacia unos días en la fiesta de San Patricio, y fue directa al cuarto de baño. Dejó la ropa en la percha que había detrás de la puerta y se fue quitando poco a poco la blusa, el sujetador, las medias, la falda y las braguitas, hasta quedarse completamente desnuda y para entrar en la ducha.

Monique dejó que el agua tibia fluyese por todo su cuerpo y alisase los tirabuzones que le salían del cabello, casi como si fuesen los cuernos de un diablo. Lentamente, recorría su cuerpo con la esponja al tiempo que acariciaba sus pechos y pensaba distraídamente en Stan, el hijo de la familia. Lo que daría a veces por sentirse atrapada en esos brazos tan fuertes… Stan era un par de años menor que Monique, pero ella se sentía atraída por ese joven irlandés aficionado al rugby y la las pintas de Guinness.

Cuando se quiso dar cuenta, ya tenía dos de sus dedos acariciando su vulva y había dejado caer la esponja para acariciarse los pechos. Sus dedos se empezaron a moverse cada vez más rápido, de manera que se recostó contra la mampara de la ducha, dejando así sus nalgas marcadas en esta.

Tal era su excitación que Monique no escuchó los pasos que se acercaban al cuarto de baño hasta que notó correr la puerta de la mampara. Eso la hizo volverse rápidamente para poder ver quién había entrado, tapándose al mismo tiempo sus partes más íntimas.

La sorpresa se la llevó al encontrarse a Stan delante de ella, el cual la miró fijamente con una mirada lasciva. Monique cerró el grifo, salió de la ducha empapada y cogió a Stan de la cara para darle un beso apasionado; ese era el momento clave pare llevar a cabo su fantasía.

Sin darle tiempo a decir nada, Monique empezó a desabrochar el pantalón de Stan mientras éste se quitaba la camisa, dejando a la vista esos brazos que tanto le gustaban. Monique se introdujo el miembro de Stan en la boca y empezó a lamerlo, tomándose su tiempo, desde la punta del glande hasta la base de los testículos. Al principio lo hizo con más calma pero poco a poco aceleró el ritmo.

De repente, Stan la levantó y la volvió a meter dentro de la ducha, cerrando la mampara tras él. Arrinconada y de cara a la pared, Monique separó las piernas lo máximo que pudo y notó como Stan le introducía dos dedos, húmedos y lubricados con su saliva. Se notaba un poco incomoda, con los pechos presionando contra los azulejos de la ducha, pero la excitación era tal que podía soportarlo y dejarlo pasar.

Stan le levantó una pierna para introducir más aun sus dedos y acariciarle el clítoris, hasta que Monique empezó a gemir de placer. En ese momento, él paró y, aunque a Monique le disgustó, enseguida notó cómo el miembro de Stan entraba dentro de ella, profundamente, recibiendo así unas intensas embestidas.

Cuando Monique sintió la respiración de Stan muy acelerada, se liberó de él para agacharse y mirarle a la cara, al tiempo que ofrecía sus pechos para que eyaculase en ellos. Después, le besó de nuevo y lo echó de la ducha antes de que sus volviesen y les pillasen, pero le prometió que volverían a repetir lo ocurrido, aunque la próxima vez con más calma y todavía mucho mejor.

Miguel Ángel Sánchez

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