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Relato erótico: "En brazos de una madura"
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Relato erótico: «En brazos de una madura»

Después de aquella pelea con su ex, Susana lo vio claro: no más niñatas. Estaba cansada de su inmadurez, de sus tonterías. Además, con la última había salido escaldada. Es cierto que tenía predilección por las chicas más jóvenes que ella y nunca se había fijado en una mujer mayor.

Es más, desde hace un tiempo, tenía una pretendienta, Carmen, pero, hasta el momento no había mostrado mucho interés en ella. Aproximadamente tendría unos 10 años más que ella, era rubia y de grandes pechos. Físicamente no estaba mal, pero quizás Susana estaba tan ocupada con sus historias que nunca la había tenido en cuenta para nada más.

Un día, por fin accedió a tener una cita con ella. Quedaron para cenar en uno de los restaurantes más chic de la ciudad. Susana llegó antes que Carmen y el camarero la condujo hasta su mesa, donde ya estaba enfriándose una botella del mejor vino. Cuando la vio entrar, se quedó maravillada. Carmen llevaba un vestido negro superescotado, que contrastaba con su cabellera rubia. Estaba radiante y muy sexy. Sus labios rojos escondían una sonrisa que se hacía más perfecta conforme se iba acercando a ella.

Además de una mujer muy sofisticada, Carmen era muy culta y agradable. Y lo mejor es que se la veía con la cabeza bien amueblada. Ya en los postres, Susana empezó a sentir una atracción muy fuerte hacia ella. Por eso, no dudó en aceptar la invitación de Carmen de subir a su apartamento.

Un intenso aroma a canela dominaba toda la casa. La siguió hasta su habitación para dejar sus abrigos, aunque, por supuesto, no hubo oportunidad de conocer el resto del apartamento.

Carmen se sentó en su cama y tendió la mano a Susana para que hiciera lo mismo. Sentada, su vestido parecía muy corto y sus muslos asomaban tan tersos, tan suaves. Sin soltarle la mano, la colocó en ellos y Susana los acarició sin dejar de contemplarlos. Deslizó su mano hasta su sexo y comprobó que estaba mojadita. Sus dedos palpaban aquel tanga húmedo, hasta que lo ladeó y decidió hundirlos en su vagina. Carmen separó las piernas y sentía su clítoris palpitar mientras Susana lo recorría dulcemente.

Se besaron y se dejaron caer en la cama. Susana subió ese vestido que le hacía tan sexy hasta llegar a sus abundantes pechos. Desabrochó su sujetador y se lanzó a sus gruesos pezones rosados. Tenían un sabor muy dulce y los chupó mientras continuaba acariciando su clítoris. Se quedaron completamente desnudas y admiró el cuerpo de aquella mujer, el de una diosa. Bajó hasta su sexo, notando cómo Carmen la agarraba del pelo. Su lengua empezó a moverse por él despacio, saboreando cada rincón. Los gemidos de placer de aquella excitaban a Susana sobremanera y la animaban a chupar más y más rápido. Jadeando, Carmen gritaba que se corría y así lo hizo en su boca.

Se echó junto a ella y la besó. Acarició sus curvas y arrimó su sexo al de ella. Enseguida volvió a notarla receptiva. Susana se colocó de tal manera que pudiera rozar su vagina con la suya. Al principio se movía despacio hasta que llegó al punto de no retorno. Estaba tan cachonda que sentía que no podía parar. Además, Carmen apretaba sus nalgas contra ella y era una delicia escuchar nuevamente su respiración agitada en su oído. El orgasmo no se hizo esperar y las dejó agotadas sobre aquella cama desecha y de sábanas empapadas de sus fluidos.

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